LA MARAVILLA DEL MAR MUERTO
Sentado en la postura de la flor de loto, el superhombre se disponía a enseñarme los secretos del autocontrol corporal. En el marco incomparable del mar muerto, la lejana tierra de judá con sus olores secos y salinos, me sentía misteriosamente capaz de cualquier cosa y digno de la mejor de la revelaciones. El yogy, desnudo por completo a excepción de un turbante amarillo sobre su cabeza, hacía crecer o decrecer los pelos de sus piernas moviéndolos como serpientes.
--Tu cuerpo te obedece en todo--me dijo--, pero pocos lo saben.
Después el hombre envejeció veinte años ordenando a sus células que lo hicieran, después se convirtió en un niño.
--¿Esta visión es una especie de metáfora?--pregunté a Dios.
Como respuesta el mar muerto se secó completamente y en su centro apareció un giagantesco monolito de color negro, tenía extraños jeroglíficos grabados.
--Son el genoma humano--me explicó el yogy--, lo que sucede es que no es humano...
Los soldados hebreos acordonaban la zona con celeridad pero no podían vernos porque éramos fantasmas del astral viajando al futuro. Los militares cargaron el monolito en un camión arrancándolo del lecho seco del mar con grandes gruas.
--¿Pensabas que la guerra era por el agua?
--Sí--contesté al maestro.
--No te faltaba razón. El agua siempre esconde de dónde somos. Si somos agua es porque en el agua estamos, aunque con menos densidad la atmósfera es un elemento acuoso.
Una gran sombra lo cubrió todo, un gigantesco platillo volante nos quitó el ardiente sol sobre nuestras cabezas.
--Ellos nos trajeron--dijo el yogy--, ellos nos llevarán.
Cuando salí del trance supe que en el fondo del mar muerto se encontrará la clave del ADN, sabremos que somos un experimento de otra galaxia, un conjunto de células creadas para poder sobrevivir en un medio increiblemente hostil como la tierra, increiblemente hostil este medio para nuestros creadores acostumbrados a una gravedad de un millón de toneladas y a vientos de ardiente etanol a más de cien mil grados. Aquí no hubieran sobrevividos de no habernos creado y de no habernos más tarde abducido en sus naves...¿Y para qué...? La vida en la Tierra no es más que el producto de la curiosidad por este planeta de una civilización superdesarrollada.