LOS INCREIBLES VIAJES DE JOSÉ NOGUÉS, PRESENTA:
EL DÍA DEL CULO
Había llegado a esa extraña ciudad seducido por la música de charanga festiva y olor de la feria. Me habían comentado que esa gente era un poco adusta y sencilla pero sin encono y también algo hoscos, rígidos, secos y desabridos pero con un enorme corazón. Una persona de la calle los definiría simplemente como gente buena y antipática, todos sabemos que los perros que ladran no muerden. Y que se puede ser muy malo y muy simpático como las negras crónicas definen a Belial. En fin, que me advirtieron sobre todo que debía de ser muy respetuoso con las tradiciones de esos paisanos, y que hiciera lo que era debido e indicado en cada momento sin darme a dilación.
Heme allí todo feliz y gozoso a las puertas de esa ciudad en cuya entrada había carruseles y caravanas y un sinfín de atracciones para la chiquillería, carpas de circo, bailes y casetas y un camino alfombrado de flores para la autoridad y el famoseo; cuando cual sería mi sorpresa al avistar sobre mi digna testa una inmensa pancarta en que podía leerse DÍA DEL CULO... Atónito e impresionado reparé entonces en que todos los presentes, niños, ancianos, mujeres y varones, iban desnudos de cintura para abajo, llevando puestas sobre sí sólo las camisolas o las pañoletas típicas de tan extraño país. Una gran mesa de gente extensa con el culo al aire. En ese momento opté por hacer lo mismo que aquellos respetables ciudadanos que se divertían desnudos de cintura para abajo con la mayor naturalidad del mundo y me liberé de calzoncillos y pantalones colgándolos en una bolsa de una rama de un árbol, de esta guisa me dirigí a entretenerme con una atracción que consistía en hacer estallar globos con un dardo y fue entonces como sentí como si un millón de miradas se clavasen en mí cuál los dardos de la feria. En ese momento todo había cambiado, a mi alrededor los festivos ciudadanos se hallaban decorosamente vestidos y un policía se acercaba a mí blandiendo una cachiporra amenazante.
--Agente, es el día del culo...es el día del culo...--me defendí.
Todos se reían a mi alrededor señalándome con el dedo, era como una de esas pesadillas en la que sueñas que estás desnudo y todo el mundo se ríe de ti.
--Es el día del culo...es el día del culo...
Cuando volví del trance comprendí que la moraleja de esta historia es que siempre debemos hacer lo correcto y cumplir sólo las normas que sean justas y cabales aunque todos los demás se hayan vuelto locos y hagan disparates...